A Mister Cliché no le molestaba en nada saludar a su vecino por las mañanas, aunque éste ya aburrido de la repetición constante de frases hechas y desabridas palabras buscando más que verdad aceptación, le respondía con desdén su poca originalidad con un simple "sí" o "muy bien mister clisé" debido a su adoración por los libros antiguos y hay que decirlo también por los textos añejos tanto en su edición como en sus letras. Así pasaba el día el "señorito cliyé" (así adoraba que lo llamaran) sentado en su banca buscanso buenas y sensatas palabras que decirles a los transéuntes, hartos ya de su propia vida para escuchar a alguien desconocido con consejos ya archiconocidos e innecesarios para el largo y despiadadodía por empezar o ya terminado.
"No por madrugar amanece más temprano" le decía a su hijo que sin un trabajo por hacer (cosa que clish detestaba ya que "el trabajo dignifica a las personas") empeñaba su vida en tratar de buscar lecturas y cosas que hacer cerca de las 5 de la mañana, hora en que Desgracia (así se llamaba) despertaba y sin ducharse encendía la teve que lo despertaba con las mejores noticias que podía escuchar "se abrían 2000 nuevos empleos en el área de la agricultura" cosa que cercana a la horticultura (que Desgracia no había comprendido muy bien debido a las tempranas horas en que leyó hace ya 5 años el libro de Joseph Bee un maestro en tal nobles artes) podía manejar esperablemente bien para un joven con tan pocos augurios, así que decidido a cambiar un pobre no bien honrado porvenir por un pequeño esfuerzo que hacer para independizarse de su conservador padre, Desgracita (así lo llamaban de niño) salió de su casa a la calle atiborrada de gentes dedicadas a su propio mundo y fue a la dirección entregada por aquel serio noticiario.
Che (como llamaba su madre a Cliche en forma de diminutivo) sorprendido por la inminente emancipación de su hijo ya que según él "si uno cree que una cosa funcionará esta se resolverá exitosamente" llamó rápidamente a una reunión de consejo, estamento que era formado por Clishe, por su difunta mujer Aura y por su madre, la encantadora pero estricta Señora Ora, que lamentablemente no se encontraba en casa como Comunión (su criado) le había señalado. Esto hizo que la reunión del consejo se frustrara dejando a Cliss (como le llamaba cariñosamente su esposa antes de fallecer por extrañas circunstancias) muy triste y decepcionado ya que era una de las máximas de su vida "no dejar para mañana lo que puedes hacer hoy" por lo que se sentó en su banquito escuchando su pequeña radio a pilas esas canciones romanticas que tanto le hacían sentir melancolía y recuerdos por la pequeña Aura (que ya explicamos ha muerto - SUICIDIO -) y la noche en que encontró la "bendita" carta en la que la bella Aura explicaba:
(el narrador a causa de tiempo sólo reproducirá un fragmento)
"Estimado y amado Cliss: es momento de partir, dios que es tan misericordioso y supremo me ha llamado a formar parte de su eterno reino, yo intentando escapar de su divino designio le explique que no podía dejar a mi esposo (tú) e hijo (Desgracia) solos, peroél que es nuestro dios, padre, hijo, espíritu santo, cruz, perdón y grandeza no lo ha comprendido y me ha exigido que tome el frasco de pastillas que he dejado al lado de esta carta..."
El resto de la extensa carta (tenía cerca de doce carlillas) explicaban las razones de dios para tal extraño requerimiento, exposición detallada de sus años de matrimonio y lo "provechosos" que habían sido para ella, mensaje para su madre, mejor amiga, hijo, una especial dedicatoria a la gente que según ella "estaba mal encaminada en estos tiempos en los que Satán reinaba sólo ante la ausencia del Señor que esperaba que esto fuera una lección para los ingratos y herejes que los guiaría a la vida eterna" y un detalle resumido y sumario de las recetas de las comidas preferidas de Clissé, que llorando mientras leía gritó "¡Tendré que vivir el duelo! ¡Hay que acostumbrarse a la Muerte!" para finalmente con lágrimas en los ojos rezar tres padrenuestros y diez avesmarías que lo dejó más tranquilo para llamar a la policía y funeraria, que extrañados por tales hechos llamaron a investigaciones y al fiscal de la zona que después de tres años de indagaciones, declaró la muerte por suicidio de la mujer, ante el escandalizado reclamo del siempre calmo y cauto Cliche que no podía creer que no dejarán constancia de la mano de Dios en todo este asunto.
Mientras Cliché pensaba en estos sucesos y se repetía con fuerza "lo que no te mata te hace más fuerte" hasta el cansancio, a Desgracia (es su hijo éste) no le iba mejor en sus trámites pero dejemos que él de su propia mano nos cuente los hechos escritos religiosamente antes de acostarse en su pequeño diario:
"1- Me Desperté y vi la noticia. 2- Me duché 3- Fui al Metro 4- No había Metro, tampoco micro pregunté 5- Caminé veinte cuadras, había anotado mal la dirección 6- Volví cansado por el esfuerzo pero contento de haberlo intentado"
Efectivamento todo aquello que muy bien había anotado Desgri (como lo llamaban sus dos mujeres que había tenido en treinta años) había sucedido, pero en niveles menos exagerados y definitivamente menos emocionantes que los transcritos previamente, y Desgracito (como lo llamaban sus profesores en el colegio) volvío a su casa bastante desganado pero conforme con su odisea, en verdad no saliá mucho.
Al salir Clishé al vacío antejardín (a Clishé no le gustaba la opulencia ya que llamaba a ladrones) exaltado e expectantepor lo que creía le contaría Desgraciapist (así me gusta llamarlo a mí, nunca supe porque muy bien) sólo vió una sombra de lo que era Dregracia en sus mejores días (cuando no quería trabajar y leer y estar con él era su única preocupación) e inmediatamente (el hombre era efectivamente cuerdo y sensato, valores muy apreciados en los barrios periféricos y en la mayoría de la prensa nacional) le invitó a pasar sin preguntar nada, y en la comida (papas con porotos, ya que la jubilación no permitía mayores lujos) sólo se detuvo Clish a comentarle que mañana habría nubosidad y que el otoño está empezando a venir, que el vecino era tan agradable, que la vida en paz se vive mejor, hasta el final de sus días...

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