Frente a los últimos hechos en relación a la reciente captura del el ex jefe del Departamento Exterior de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), Raúl Iturriaga Neumann, condenado a cinco años y un día por secuestro calificado del ex mirista Luis San Martín en el año 1974, resurge la ya vieja polémica sobre las condiciones en las que violadores de DD.HH cumplen efectivamente sus condenas.
En los últimos días mucho se ha dicho de lo injusto de que estas personas cumplan efectivamente sus respectivas condenas en centros penales cuyas características difieren sustancialmente de lo que cualquier persona puede pensar sobre los centros de reclusión y lo que es peor aun, con lo que estos lugares son efectivamente para los delincuentes comunes y corrientes.
Estos “centros penitenciarios” (especialmente el penal Cordillera), cuentan con instalaciones manifiestamente en mejores condiciones que los otros penales y no sólo eso, estos son verdaderos resorts para aquellos delincuentes, que cuentan con canchas de tenís, televisión satelital, computadores conectados a Internet, dormitorios amplios y comodidades no solamente mejores que los de otro penal ordinario, sino que viviendo en condiciones claramente más auspiciosas que la gran mayoría de los chilenos.
Tengamos presentes quienes fueron estas personas. Comprobados torturadores que durante la dictadura gozaron de gran poder para “ganar” una guerra que en verdad nunca existió y pasar a llevar la vida y dignidad de miles de chilenos. Individuos capaces de utilizar las formas más inhumanas para causar dolor, matones protagonistas del punto más negro en toda la historia de Chile. ¿Son estas personas las que deben tener esos beneficios?. La respuesta parece ser clara.
Pensemos en todos aquellos delincuentes comunes. Los verdaderos “malos” de la sociedad, personas que carentes de educación, comodidades, vivienda y alimentación salen a la calle a cometer delitos como única forma de subsistencia. Gente que acostumbrada a las drogas, miseria y desamparo no nos dejan estar en paz en las calles. Estos “merecen” condiciones de reclusión inhumanas, cárceles hacinadas, ninguna posibilidad de rehabilitación y menos de reinserción social.
Ahí están nuestros generales en retiro, que traicionando su deber constitucional ordenaron torturar y masacraron a compatriotas por asuntos ideológicos. Ya viejitos y humanitarios, disfrutando de los animalitos del Discovery Channel, conversando por Msn y escribiendo sus memorias. Creen ser los perseguidos políticos de los “comunistas”, se sienten traicionados por sus queridas FF.AA, no tienen culpas y con Dios de su lado. Ellos son los que tienen tratamiento especial. No los otros, los delincuentes que no nos dejan vivir en paz y que debiesen ser mandado a islas; la casta de la sociedad actual.
Creo firmemente en la rehabilitación, en la educación como principal arma para combatir la delincuencia, en que la represión solo lleva a la reincidencia. Las cárceles chilenas deben apuntar a afianzar la confianza de las personas que por distintas razones terminan ahí, para que el día que salgan en libertad estos tengan las herramientas para poder vivir dignamente. Para las víctimas justicia, que en materia de DD.HH claramente no se está logrando. De los torturadores de ayer la mayoría se encuentra impune y en sus casitas, mientras para el delincuente común se exige mano más dura aun.
Se requiere que exista un grado de igualdad en el tratamiento a nuestros presos. Indigna que el Estado reproduzca las desigualdades de la libertad a los que carecen de esta. Las cárceles no pueden ser escuelas de aislamiento, resentimiento y más delincuencia para algunos; y lujosas casas de retiro de ancianos para otros. Especialmente si esos otros actuaron de manera tan solapada, vil e inhumana; valiéndose de justificaciones falsas y realizando atropellos indescriptibles contra compatriotas solo por pensar diferente.
Por favor seamos justos.
